Análisis

El Huidobro de Neruda y el Pablo de Vicente

Por Zanoni Cuesta

Con la mirada fijamente puesta en el ayer, y con los pensamientos cabalgando por estepas multicolores, confieso que degusto, engullo, disfruto, y saboreo de tragos a borbotones el néctar del Non Serviam, y el manjar de Residencia en la Tierra. Quizá deba decir “Confieso que he pecado, madre natura no tomaré partida”, ¿y cómo he de hacerlo?, donde entonces me situaría, a la derecha, por supuesto que no, ¿al centro?, entonces caería en la contradicción dialéctica, y don Marx me recordaría su pedagógico ejemplo del tren y las rieles.

En 1924, en Ariel, revista chilena de vanguardia apareció esta nota: “En Chile son dos únicos poetas los que hoy por hoy representan la gestión de esta era iluminada: Vicente Huidobro y Pablo Neruda. Según cuentan algunos documentos de la época así como investigaciones posteriores, los dos que en realidad eran los tres y una cuarta, Pablo Neruda, Pablo Rokha y Vicente Huidobro, Gabriela Mistral (quien se mantuvo alejada del conflicto, y que ninguno de los tres la menciona) constituían la grandeza, la riqueza, la brillantez del momento chileno-hispanoamericano del momento, espacio de tiempo traducido al nombre de vanguardismo literario.

Pero en el horizonte, donde se cuelgan las prendas al sol, confundidas entre las nubes y los nubarrones, una caravana tripulada de grandes egos cabalgaba diáfana y presurosa, arremetía con sarcasmo y con pudor comprimido. Huidobro en su crepúsculo militante invitaba a viva voz a los intelectuales a sumarse al Partido Comunista, y en 1933 hace una declaración condenatoria, una sentencia que dice: Todo individuo menor de sesenta años que no es simpatizante al comunismo es un mediocre o un señor que vive fuera de la vida, y todo individuo menor de cuarenta años que no es comunista es un idiota (Síntesis, I, 2 [abril 1933], p. 4).

Mientras tanto, Neruda, abogaba por una izquierda independiente, una izquierda columpiándose en el Frente Popular, dirá: No soy comunista. Ni soy socialista. Soy simplemente escritor. Escritor libre que ama la libertad con sencillez. Amo al pueblo. Pertenezco a él porque de él vengo. Por ello antifascista. Mi adhesión al pueblo no peca de ortodoxia ni de sometimiento (Ercilla, 2 de noviembre de 1937, p. 11). Debemos recordar que Neruda ingresa como miembro del partido comunista en 1945, mientras que Vicente Huidobro ya lo era antes. Hay quienes dicen que la militancia de Huidobro en el partido comunista fue efímera, no la de Rokha y Neruda.

Resulta difícil y nada simple situar en un contexto real la enemistad que los “unió-separo” y los llevo a cúspide del movimiento vanguardista, cada uno con su propia diatriba, con su personalizado egocentrismo y virtual brillantez. Acaso, ¿es este uno de los odios expresados? O simplemente parte de un movimiento elíptico, como sea, Neruda y Huidobro se dijeron epítetos calumniosamente poéticos y bellos, el uno, “por descubrir de manos de Volodia, el plagio del poema 30 de Tagore, por parte de Neruda y ponerlo poema 20”. El otro por “tener lleno de pétalos los testículos”.

Regreso la mirada firme a ese histriónico ayer, y he decidido volver a cabalgar en los hombros de esos colosos que han rebasado el tiempo y la inclemencia del olvido, de esos hermanos y padres del vanguardismo, de esos camaradas y amantes de la retórica, de la poética forma de vivir un mundo que aún no ha terminado de parir, y una sociedad que aún no ha terminado de derrumbarse, podrida en sus cimientos y en sus tuétanos. Gracias Pablo Huidobro, gracias Vicente Neruda, gracias a los soñadores, a los utópicos, por darnos un bello cielo cubierto de nueces, de donde emanan destellos de vida.